La casta, la casta…

El discurso “contra la casta” prendió porque (con algunas excepciones más o menos reales o fuertes y hasta por ahí nomás) la política, efectivamente, en los hechos, como resultado final, actúa corporativamente y no resuelve las necesidades, las carencias estructurales de la mayoría de la gente. La democracia representativa no representa más que a los sostenedores del status quo. No es “políticamente correcto” decir esto, pero hay que asumir sin hipocresía que las dirigencias populares no dialogan con el pueblo, se limitan a pontificar, a analizar sólo la superficie de las cosas, lo evidente. El discurso ya no está en la calle interactuando con la gente ¿Qué aspiración de representatividad puede tener un político que cobra lo que cobra frente a un jubilado que cobra menos de 400 pesos, de un empleado que apenas pasa el millón cuando la canasta básica es el doble? Y este desfasaje no es de ahora.