Una tarea fundamental (y ciclópea) ahora es delinear estrategias y MÉTODOS para cotnrarrestar la hegemonía mediática del poderoso.
Debería venir como propuesta de arriba, dado el verticalismo inherente al núcleo mayoritario del movimiento que representa el Frente de Todos (verticalismo que me pica pero me rasco y ya está) para que tuviera aceptación. Pero si no nace en las cúpulas deberíamos ir armándolo nosotros abajo.
Y no me refiero a la difusión de noticias acalladas por la prensa canalla (eso ya lo hemos hecho estos años, tanto en las redes sociales como en medios de difusión de toda índole, siempre menores e insuficientes) sino a algo más profundo, casi filosófico. Pero con el idioma de Jauretche, por así decir. Con docencia y tolerancia, ya que le hablaríamos a quienes normalmente no nos escuchan.
Y hablo de una estrategia organizada y metódica, a nivel nacional, no como ha sucedido hasta ahora: atomizada, desperdigada y, en definitiva, sin fuerza. Al menos no con la fuerza que tendría algo planeado y desarrollado en discusiones específicas y con gente que entienda del tema. Y no hablo sólo de especialistas en comunicación sino, también, de sociólogos, filósofos, antropólogos. Y publicistas.
No hablo de un órgano de difusión centralizado que baje línea, de pensamiento único, para nada. Algo celular, pero que responda a premisas claras, generales, con líneas de acción meditadas y establecidas.
Hay que apuntar a la cabeza de la gente, ahí es donde hay que arar y barbechar.
Y debemos empezar ayer.