mis pruebas

(bolsillo/mis pruebas)

Ejemplo de Tabbox

Poesía

Pentagramas de madera


¿Por qué los carpinteros
se mezclan con la música?
En dulces amoríos,
en cálidas contiendas,
batallan día a día
sus musicales guerras;
sonidos y maderas,
amantes enredados
en lides victoriosas
para ambos bandos.

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Prosa

La belleza, esa sutil subversiva

… o cómo puede o no cambiar la realidad.

Amamos de la belleza lo que en ella vemos de nosotros mismos. Lo sé: no es una idea nueva, pero en estos tiempos tan aplanados, tan avasallados por conceptos como utilidad, riesgo, costo-beneficio, y demás límites que nos impone la “adultez”, vale la pena recordarnos como seres capaces de crear, apreciar, vivir belleza, no sólo en sentido estético (asumo como belleza todo lo que enriquece: conocimiento, bondad, respeto), sino como alimento, como disparador intelectual y sensitivo.

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Humor

El llamado (soneto klingon)

Kotrümoj radelpah no shef okêlta,
shuma flitz ehm, gatjö kimma troqntèh.
Gashtebõ no Kotrümoj repentnèh,
oshåba melt hojghnæ güo mika shteltha.

Jõs kummèlit orpah mijshûma hêntah
¡Gozke! ¡Gozke! Jyrim gne Tule tek,
shum kimmatö Kotrümoj tolunec
ajtañe melt joctè ny kasu jëlta.

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Nubes a cuerda

Semidespierto

El pájaro de oro
de líneas gráciles y furia decidida
ataca la esfera donde un árbol
en su breve planicie verde y acotada
flota sobre un océano diminuto y acerado

Allí la daga de un pez ensimismado
me observa en silencio
obviamente

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Ocaso aplacó tus vapores agresivos
y una brisa a contramano
no alcanza a rizar tu epidermis aceitosa
cuyas lácteas lunecencias
ondulan, como boas ancestrales,
hacia un remoto origen de yemas optimistas.

Cinta de luto, aún más anochecida,
con una hebilla de plata que trae del recuerdo
orillas frescas y juncos estremecidos.

¡Pobrecito animal manso y apaleado!
En tu agónico reptar de pluviales movimientos
aún persiste la memoria del vergel y los jazmines.
Esta noche olvidás la ofensa suburbana
y brillás,
generosa guirnalda que se tiende

desde mi desazón al ojo ebúrneo
que nos mira discurrir conjuntamente
en un intento terco y obcecado
de mantener el cauce y la mirada.

Desde el puente,
tus reflejos de ameba iridiscente
estallan calmos, me dilatan, me contraen,
en un musical silencio de latidos apagados.

¡Contagiame la gracia
que, aún en los estertores subcutáneos de tu muerte,
le gritás a las ruinas fabriles de tu vera,
que, atónitas,
en su limbo lunar de grúas oxidadas,
no entienden (pobreza mineral)
que en tu lecho de barros venenosos
subyace el germen resistivo de tu vida!