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Comunicar y emocionar.

El discurso emociona si va de la mano de las acciones. Evita emocionaba por que la acompañaban las acciones de gobierno a favor de los desposeídos.

La comunicación se da si hay hechos que comunicar, o ideas que interesen. Este gobierno nos da poco material para trabajar. Se podrá hablar de la campaña de vacunación (excelente), pero evidentemente (y ciertamente) la gente lo toma como un derecho que corresponde y que es obligación del gobierno garantizar, por eso en la campaña electoral no surtió efecto el foco en ese tema. Además ¿Qué me importan las vacunas si me cago de hambre y encima no me dejaban salir a vender medias para parar la olla?
¿Qué me importan el cupo trans o femenino o para discapacitados si me cago de hambre?
¿Qué me importa el aborto si me cago de hambre?
¿Qué me importa que los índices económicos mejoren si me sigo cagando de hambre?
Y un largo etcétera.

Las ideas a comunicar tienen que referirse a soluciones. De lo básico, de lo palpable.
Ahí podrá darse la emoción, no sobre el vacío.
Para hablar de bienes superiores primero hay que hacer el piso.

Al menos en esta coyuntura.