Letras inútiles, confusas, desorientadas, puercas, escandalosas... necesarias

OrquideAlucinadA

mis pruebas

(bolsillo/mis pruebas)

Ejemplo de Tabbox

Poesía

Y el frío

Un nácar ceniciento
extiende su indefinición al horizonte.

Las arenas despeinan
la mudanza fundante de los médanos
que reptan hacia una ciudad de lomos bayos.

Unas huellas menguantes
esquivan el tosco crucifijo de una rama seca
clavada en la posible tumba de un misterio.

Y el eco sin fin de las gaviotas
repitiendo con portuaria resonancia
el nombre de esta tarde

¡oh, melancolía!

DHB

Prosa

Nocturno en la fronda

Cuando la noche cernió su fosforescencia sobre la piel brillante del río, sobre el murmullo de las hojas, dibujando - sombras en las sombras - las siluetas soñadoras de las plantas, y el silencio comenzó su eterno cuento poblado de remolinos, de ramificaciones secretas, de miradas presentidas, mi alma estuvo ya dispuesta, receptiva, y comenzó a beber, de a poco, el cálido misterio de su encanto.

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Humor

Hormiga

La natural y bella hormiga
se asomó por su seguro agujero
recorrió su certero camino
se detuvo ante la verde hoja
la tomó con sus brillantes pinzas
y volvió por el seguro camino
se metió en su verde agujero
dejó la brillante hoja en la alacena
cerrando el ciclo de su natural tarea.
Después llegó el certero DDT.

DHB

Nubes a cuerda

Filosa realidad

El péndulo oscila
de un extremo al otro de la hipnosis
decapitando indiferencias
que
acostadas en hileras ordenadas
entregan la inercia de sus cuellos
a esa media luna de sonrisa centelleante

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Ocaso aplacó tus vapores agresivos
y una brisa a contramano
no alcanza a rizar tu epidermis aceitosa
cuyas lácteas lunecencias
ondulan, como boas ancestrales,
hacia un remoto origen de yemas optimistas.

Cinta de luto, aún más anochecida,
con una hebilla de plata que trae del recuerdo
orillas frescas y juncos estremecidos.

¡Pobrecito animal manso y apaleado!
En tu agónico reptar de pluviales movimientos
aún persiste la memoria del vergel y los jazmines.
Esta noche olvidás la ofensa suburbana
y brillás,
generosa guirnalda que se tiende

desde mi desazón al ojo ebúrneo
que nos mira discurrir conjuntamente
en un intento terco y obcecado
de mantener el cauce y la mirada.

Desde el puente,
tus reflejos de ameba iridiscente
estallan calmos, me dilatan, me contraen,
en un musical silencio de latidos apagados.

¡Contagiame la gracia
que, aún en los estertores subcutáneos de tu muerte,
le gritás a las ruinas fabriles de tu vera,
que, atónitas,
en su limbo lunar de grúas oxidadas,
no entienden (pobreza mineral)
que en tu lecho de barros venenosos
subyace el germen resistivo de tu vida!