Letras inútiles, confusas, desorientadas, puercas, escandalosas... necesarias

OrquideAlucinadA

Relatos, sueños, divagaciones


Risco

En la vertical del risco, a mitad de camino entre el lecho rocoso y la bóveda nocturna, acantilando titilantes misterios, se observa una mínima construcción, una morada habitada por quién sabe qué ser cuyas ensoñaciones dibujan en la esfera celeste constelaciones de deseos.

Brilla en el cuenco de piedra como un corazón latiente y cada pulsación es un sacudir del aire en concéntricas evoluciones que repercuten en el pecho de la tierra.

Vibran árboles y rocas, vibran los cauces de los ríos y el plumajes de las aves, vibran el pelaje de las fieras y la piel erizada de las gentes.

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25/05/2024 22:06 · danielhb · 0 Linkbacks
Laudanocturnal

Ellos se encontraban cada tanto, en el impreciso, difuso ambiente del fósforo nocturno, cobijados (al principio) por la incertidumbre y el anonimato, como en un baile de máscaras, como quien conversa pared por medio con un interlocutor ocasional.

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Laudanoceronte

Cuando el tiempo aún no era tiempo y las lenguas no tenían noción de los sonidos, ya tronaba en las oscuras planicies primordiales el pesado galope de los laudanocerontes. Con ciego empecinamiento embestían nubes de polvo cósmico y perseguían rizos de vientos caóticos tratando de desgarrar los velos de las auroras. Siempre de frente y sin callar (en su mudo lenguaje) ponían el testuz a lo que viniera. Así fue que su dura epidermis comenzó a tatuarse con diversos zurcos y relieves que fueron conformando figuras y signos en los que podían leerse los distintos pasajes de su historia.

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La primera palabra

—Manuel — dijo, con una voz pequeñita y apagada, mirando a un costado, como con timidez, como con picardía, como en secreto.
—¿Quién es? — pregunté yo, entre sorprendido y alegre, mientras se lo señalaba. Nunca había hablado, tal vez por la edad, tal vez por temor a llamar la atención, tal vez porque recién ahora entendía los mecanismos que articulaban sus pensamientos con su boca y su garganta.
Manuel estaba como a doscientos metros, en el lote de cebada, viniendo hacia nosotros.

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24/03/2024 00:54 · 0 Linkbacks
Savia

Me acomodo en mi escritorio, frente al blanco brillante de la pantalla, intentando un inicio.

La presuntuosa marea de mi mente comienza a esbozar las sabánicas orillas de un bosque, con sus terciopelos y sus matas, el lomo sugerido de alguna bestia, los pequeños matorrales que orlan la verde falda de la espesura inminente.

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