Letras inútiles, confusas, desorientadas, puercas, escandalosas... necesarias

OrquideAlucinadA

mis pruebas

(bolsillo/mis pruebas)

Ejemplo de Tabbox

Poesía

Acaso quizás talvez

Pueda el silencio morder estas entrañas
y despertar al grito amordazado
pueda el trajín amorfo y cotidiano
ser sucedido por formas más extrañas.

Pueda lo extraño traerme nuevamente
ese solaz de llagas y verdades
que nutren con su savia borboteante
esta hambrienta desazón ambivalente.

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Prosa

Voces de la piedra ancestral


Cierta vez, en un paraje cuyo nombre no recuerdo y cuya ubicación se pierde en el laberinto de los tantos caminos recorridos, en unas montañas húmedas y tapizadas por una frondosa vegetación, coronadas (engoladas, a mejor decir) por unos festones nubosos y con una llovizna constante esmaltando piedras, hojas y troncos, me topé con una pared de roca viva cortada a pico en una de las laderas que nunca recibía la luz del sol.

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Humor

Animaladas III


Acá estoy, acicalando
este cuerpito gentil
que en noviembre o en abril
a las chinas suspirando
siempre las anda dejando.
Al bailongo yo galopo
sabiendo que algún piropo
a las damas les fomento.
Con permiso, me presento:
yo soy LA LLAMA CON JOPO.

DHB

Nubes a cuerda

Aullando

La hematocrisis continua
de la lámpara de lava
es la pesadilla consciente
del vampiro encadenado

Oscuro Prometeo
su boca
borboteante de saliva
maldice a Pavlov
y clama por una estaca.

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Ocaso aplacó tus vapores agresivos
y una brisa a contramano
no alcanza a rizar tu epidermis aceitosa
cuyas lácteas lunecencias
ondulan, como boas ancestrales,
hacia un remoto origen de yemas optimistas.

Cinta de luto, aún más anochecida,
con una hebilla de plata que trae del recuerdo
orillas frescas y juncos estremecidos.

¡Pobrecito animal manso y apaleado!
En tu agónico reptar de pluviales movimientos
aún persiste la memoria del vergel y los jazmines.
Esta noche olvidás la ofensa suburbana
y brillás,
generosa guirnalda que se tiende

desde mi desazón al ojo ebúrneo
que nos mira discurrir conjuntamente
en un intento terco y obcecado
de mantener el cauce y la mirada.

Desde el puente,
tus reflejos de ameba iridiscente
estallan calmos, me dilatan, me contraen,
en un musical silencio de latidos apagados.

¡Contagiame la gracia
que, aún en los estertores subcutáneos de tu muerte,
le gritás a las ruinas fabriles de tu vera,
que, atónitas,
en su limbo lunar de grúas oxidadas,
no entienden (pobreza mineral)
que en tu lecho de barros venenosos
subyace el germen resistivo de tu vida!