Letras inútiles, confusas, desorientadas, puercas, escandalosas... necesarias

OrquideAlucinadA

mis pruebas

(bolsillo/mis pruebas)

Ejemplo de Tabbox

Poesía

Aquellas siestitas de verano

Persianas y cortinas bien cerradas
aislándonos del resto de la tarde,
cuando el sol mantenía sus alardes
de risas suspendidas y vedadas.

El silencio crecía con el paso
del reloj rengueando sus segundos
y parecía detenerse el mundo
cuando llegaba el provisorio ocaso.

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Prosa

El hombre espejo

Porque es como nosotros (es decir, cómo sentimos el querer y no) todos atentamos contra el hombre espejo, ese personaje gris, con cara de nada, que camina por el borde de la acera, como un pucho apagado al viento. No lo miramos, no lo vemos, y , sin embargo, lo odiamos.

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Humor

Animaladas III


Acá estoy, acicalando
este cuerpito gentil
que en noviembre o en abril
a las chinas suspirando
siempre las anda dejando.
Al bailongo yo galopo
sabiendo que algún piropo
a las damas les fomento.
Con permiso, me presento:
yo soy LA LLAMA CON JOPO.

DHB

Nubes a cuerda

Anoxia

Anoxia lunar (alguien ciñe su cuello)
La noche azulece penas muertas
Ruedan corazones
Gritan su lamento
pero sólo cenizas vuelan
en señal de atención.
¿Hay alguien allí?
¿Hay alguien?

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Ocaso aplacó tus vapores agresivos
y una brisa a contramano
no alcanza a rizar tu epidermis aceitosa
cuyas lácteas lunecencias
ondulan, como boas ancestrales,
hacia un remoto origen de yemas optimistas.

Cinta de luto, aún más anochecida,
con una hebilla de plata que trae del recuerdo
orillas frescas y juncos estremecidos.

¡Pobrecito animal manso y apaleado!
En tu agónico reptar de pluviales movimientos
aún persiste la memoria del vergel y los jazmines.
Esta noche olvidás la ofensa suburbana
y brillás,
generosa guirnalda que se tiende

desde mi desazón al ojo ebúrneo
que nos mira discurrir conjuntamente
en un intento terco y obcecado
de mantener el cauce y la mirada.

Desde el puente,
tus reflejos de ameba iridiscente
estallan calmos, me dilatan, me contraen,
en un musical silencio de latidos apagados.

¡Contagiame la gracia
que, aún en los estertores subcutáneos de tu muerte,
le gritás a las ruinas fabriles de tu vera,
que, atónitas,
en su limbo lunar de grúas oxidadas,
no entienden (pobreza mineral)
que en tu lecho de barros venenosos
subyace el germen resistivo de tu vida!