Una higuera en José Mármol
a mi hermano Raúl
Cada verano vos nos esperabas,
amiga de los verdes abanicos,
con tu abrazo de noche y humedades,
como a dos robinsones pueblerinos.
Y en la improvisada hamaca de los sueños
nos acunaban el viento y el rocío.
Allí la nueva noche abrigaba
la exploratoria sed adolescente
con tenues filtraciones estelares
entre tus grises brazos y el relente,
empapándonos de tácitos secretos,
como a frutos de una infancia a la intemperie.


