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El mosto maduro de tu boca
atardece la mía en lánguidos desvelos
y, como un vino de rojas claridades,
en la noche frutal de tu mirada
a grande bocanadas
bebo y bebo.
Con tibios círculos de aires camaradas
tu piel en la mía asienta el desconsuelo
y en las latitudes del goce verdecido
que quiebra las cortezas áridas, sedientas,
del racimo de tu boca
bebo y bebo.

Tallo con mi única herramienta
- el escueto buril de mi palabra -
pequeñas estatuillas de monstruos y deidades,
con los que conjurar al dios de los jazmines
o a la alegría punsó de los ceibales,
Hoy quisiera otra vez
bajo aquel árbol
leerte y que me leas
tendidos en los brazos de su sombra
soltar las mariposas
y los gorriones hambrientos de palabras

¿Por qué los carpinteros
se mezclan con la música?
En dulces amoríos,
en cálidas contiendas,
batallan día a día
sus musicales guerras;
sonidos y maderas,
amantes enredados
en lides victoriosas
para ambos bandos.
Delirio espiralado
embotellada nube
de cóncavos reflejos
tejidos punto a punto
con la delicada pinza de los dedos
deposito tu plumosa sombra
en la hoja de los sueños
sacudo cortamente el exceso de años
la pelusas pesarosas
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