Secciones
Una gota
diez mil gotas
mil millones de gotas
dispersas en la masa
furibunda del turbión
Verdad empapadora
a puro borbotón
Un granito de arena
o diez mil toneladas de arena rubia y fina
un Sahara de arenas volcado en los ojos
Verdad atascadora
granallando la visión
A la coplera Mariana Carrizo
Como la piedra en el agua,
así resuena mi canto.
Con la risa y la dureza
de la alegría y el llanto.
Menuda como guijarro,
morena como la tierra,
caliente como el solcito,
soy Mariana, soy coplera.
Soy coplera, soy cantora,
soy raíz y ramazón,
soy dulce como la tuna,
tengo uñas de cardón.
Mano que ha acariciado
rostros, cabellos y cuerpos
mano que ha lastimado
en pasados duraderos
Mano que por arduo pan
ha encallecido y sangrado
mano que se ha aferrado
a lo que hay de dignidad
Austero compañero: blandiendo cicatrices
de jornadas intensas o días anodinos
supiste caminar conmigo a un horizonte
de inciertos pormenores sorteando soledades
cuando los pensamientos aglutinaban sangres
o luces bondadosas de calmos trajinares
Tu madera dudosa forrada en aluminio
fue cálido regazo en horas suspendidas
en el éter pasivo de horas laborales
Ondulan las arenas
meciendo lunas rojas
reverbera el sueño
multiplicando posibles aguas
ilusorias
verdaderas
engañosas
promesa de ablución
y el horizonte
es un ocre mañana
en espera
en espera
en espera de la piel amada.
— DHB
Letras inútiles, confusas, desorientadas, puercas, escandalosas… necesarias para quien las profiriera